¿de donde vienen las #smartcities?

No resulta fácil definir con precisión este término que se ha instalado con fuerza en el imaginario urbano. Una vez superada la tormenta de las Eco-Ciudades, las Smart Cities se nos presentan como una suerte de ciudades perfectas donde la información fluye de manera impecable y los ciudadanos se conectan a ella en tiempo real gracias a la ubicuidad de la Red; Ciudades impolutas que se convierten en el escenario idóneo para explicar en la práctica los paradigmas que Zygmunt Bauman nos trasmitía en su “Modernidad Líquida”.

Aunque no haya pasado aún el tiempo necesario para consensuar una definición académica, si podemos comenzar a dibujar la forma poliédrica de un concepto al que se hace referencia desde un gran número de enfoques. 

Eficiencia y gestión energética, economía del conocimiento, transporte y movilidad urbana,  e-Gobierno y participación ciudadana, gestión urbanística, turismo y marketing urbano o sanidad.  Todas áreas de negocio de empresas y administraciones públicas que han encontrado en las Smart Cities un nuevo mantra para promocionar mejoras en la gestión de servicios y su traslado a los ciudadanos a través de un intensivo uso de las TIC -Tecnologías de la Información y Comunicación-.

Sin embargo para comprender en el presente la aparición de este concepto radicalmente tecnológico de la ciudad quizá debamos lanzar la mirada a un pasado cercano y a un futuro casi inminente: Sociedad + IOT.

Para comenzar a discernir cómo hemos llegado a asumir en nuestra sociedad el ideal cientifico-tecnológico en el que vivimos y que convierte a cualquier gadget en algo inmediatamente deseable, conviene revisar los trabajos de Lewis Mumford o Thomas Kuhn. 

L. Mumford en su ensayo Técnica y Civilización advierte: “ningún orden de este nuevo mundo (que nos plantean las Smart Cities) ha quedado sin ser tocado por las maquinas (hoy tecnología).  Y el cuerpo, que ha sido respetado y venerado en todas las culturas clásicas del pasado, es menospreciado y valorado en función de su capacidad de relacionarse con los datos”.

Como el propio Mumford recogía en 1934 “las utopías urbanas más importantes desde la primera Ciudad de Dios de Tomás Moro, giran todas alrededor de la posibilidad de utilizar la tecnología para lograr que el mundo sea más perfecto”. 

Lo que L. Mumford nos presenta es la tecnología como sustituta de la justicia, de la solidaridad, de los valores de la civilización. Un nuevo demiurgo que debe crear unos nuevos cielos y una tierra nueva.


Una vuelta a nuestro presente y también al futuro más cercano sitúa a las tecnologías relacionadas con el IoT -Internet of Things- como el otro gran responsable del boom de las Smart Cities.

Desde que en la década de 1960, Jane Jacobs equiparara las ciudades al clima -sistemas sorprendentemente complejos, imposibles de reproducir de manera abstracta y por tanto inmunes a la capacidad de cálculo y análisis de la computación- no hemos vivido un momento en que ciudad y tecnología encuentren su futuro tan íntimamente entrelazado como al que asistimos ahora. 

Las Smart Cities - armadas de sensores IoT, capaces de realizar mediciones automáticas de casi cualquier cosa y transmitirlos vía Internet como un sistema nervioso- insisten en que cuentan con los datos suficientes y el músculo de computación necesario para traducir la complejidad de las ciudades a algoritmos capaces de dar respuesta en tiempo real a los problemas de nuestras ciudades.

Ante este escenario por construir, queda por ver como las Smart Cities se adaptaran a nuestros modos de vida y ciudades imperfectas alejadas de sus greenfields y campos de prueba como Pegasus Project.

( Ilustración Paul Hoppe para NYTimes )

Este artículo ha sido escrito para el proyecto de investigación "Reciclajes Urbanos: Recualificación del tejido residencial para un desarrollo sostenible".